Leónid palideció al ver entrar a Katerina Volkov del brazo de su mejor amigo. Valeria se acercó a él y lo tomó de la mano; se percató de que estaba temblando y, al mirar sus ojos, notó que se encontraban cristalizados. No sabía definir si era de la emoción o simplemente por la impresión de verla después de tantos años de estar separados. Irina se levantó como si hubiese sido impulsada por un resorte. Su padre la observó como si fuese un tesoro que apenas había descubierto.
—Leónid, hermano —ell