Leónid palideció al ver entrar a Katerina Volkov del brazo de su mejor amigo. Valeria se acercó a él y lo tomó de la mano; se percató de que estaba temblando y, al mirar sus ojos, notó que se encontraban cristalizados. No sabía definir si era de la emoción o simplemente por la impresión de verla después de tantos años de estar separados. Irina se levantó como si hubiese sido impulsada por un resorte. Su padre la observó como si fuese un tesoro que apenas había descubierto.
—Leónid, hermano —ella abrió los brazos al llegar frente a él.
A él solo se le pasó por la cabeza el millón de recuerdos donde su hermana se hallaba a su lado y él no se podía mover. Se vio en un hospital lejano de Moscú, con un frío excesivo y solo en Navidad, luego de haber sido explotado por sus padres. Luego del accidente, solo vio a Katerina porque su madre se encontraba demasiado ocupada recuperando su vida social a costa del accidente de su propio hijo.
Katerina lo abrazó y él tardó en responder. Enterró la c