—¡No! —el jadeo de Valeria fue casi un sollozo —. Te dije que no podías salir de la mansión.
—Esto es un atropello —sentencio ella con lágrimas en los ojos y una impotencia que la orillaba a apretar el tenedor queriendo clavárselo en el cuello —acepté cenar contigo ¿no es así? —Leonid masticaba el trozo de filete que introdujo en su boca con parsimonia y a ella se le despertaban oda clase de instintos asesinos.
—Es una cena, debes comer así que no exageres —le dio un sorbo al vino —. Además, si