—¿Cómo dices, Valeria? —Jeremy protestó. Sus puños estaban cerrados con tanta fuerza que tenía blancos los nudillos—. Debes estar bromeando.
Ella negó.
—No lo hago, cielo. Prometo que no lo hago —le dolía la rabia de su hermano, pero la comprendía.
Leónid había sido su monstruo bajo la cama y su fantasma en el clóset y Jeremy siempre lo había sabido. Ahora ella había decidido que conocería a Liam luego de haberlo escondido tanto. Después de todos los miedos y las vicisitudes, ella decidió que e