Esa noche almorzaron en familia, una comida intima que, a Nino le pareció lo más maravilloso que había visto en anos. El hombre que llegó y que evidentemente esperaban, le dio la mano.
—Es un gusto conocerte, Nino.
— El placer es mío Lyon, ver la felicidad grabada en la expresión de mi diosa, me hace feliz a mi —ambos sonrieron, pero por motivos diferentes.
Nino porque Valeria se veía muy feliz y Lyon porque al fin conocía algo que ella apreciaba. No se molestó nunca en preguntarle nada y ella