—Esa perra me va a pagar la ofensa que me hizo delante de todos, es una desgraciada —gritó Ania ante la desesperación ya rabia que sentía hacia Lilian.
Endrick White la miraba con una sonrisa colgada en los labios ante el berrinche. Estaba enamorado de ella, pero su actitud lo alejaba, no deseaba que lo confundieran con un asesino porque él solo era el limpiador y nunca había tenido líos con la policía.
—Parece que esa pobre chica te quitó tu juguetito ¿eh?
—No solo me quitó el protagonismo en