Daba la impresión de que quería librarse de él, caviló Mateo, las mujeres nunca querían librarse de él, todas se mostraba coqueta o dispuestas a complacerlo.
—Tonterías —insistió él, y se levantó de la silla, dando la discusión por terminado —Tengo un hueco ahora y me gustaría asegurarme de que te encuentras a gusto.
Sofía se puso en pie con cierta reticencia y salió del despacho, delante de él. A pesar de cierta rigidez, se movía con fluidez y gracia femenina. Las curvas del abultado y hermo