Pero Vicente no escuchaba, solo escuchaba el golpeteo de su corazón en los oídos. Todos los ruidos a su alrededor estaban enmudecidos. Veía a Sofía mover su boca, pero no pudo darle sentido a los ruidos que escapaban de sus labios. Bajo corriendo las escaleras y los guardaespaldas que se encontraban custodiando a la entrada de la mansión, les pidió que lo acompañara. Se subieron a una camioneta doble cabina de color negro con vidrios ahumados. Miguel, su jefe de seguridad, quién se encontraba