Sobre mi cadáver.
Sin decir ni una sola palabra, Sebastián salió de la oficina de diseño con paso firme. Kateryn, desde su lugar, notó que sus puños seguían cerrados con una fuerza que los nudillos se le marcaban blancos. El silencio que dejó tras de sí era pesado, asfixiante.
Marcos se acercó a la mesa de Kateryn y le entregó su café en silencio. Ella lo tomó, sintiendo el temblor en sus manos.
—¿estás bien? —preguntó Marcos en un susurro cargado de preocupación al ver su nerviosismos.
—Estoy bien, descu