La herida sigue abierta.
Kateryn no pudo sostener esa lagrima. Salió rodando por su mejilla reclamando la libertad de su sufrir. Ella misma se sentía dolorosamente herida, por ella, por sus decisiones, por querer protegerlo pese a que él la condene.
—No finjas. No hace falta que lo hagas. Sé que esas lágrimas son falsas —soltó Sebastián de repente.
Sin embargo, contradiciendo sus palabras, levantó una mano y secó el rastro húmedo en su mejilla. Lo hizo con una ternura tan genuina que contrastó violentamente con la