POV: Catalina
La cena en el Penthouse era un ritual de silencio.
El único sonido era el choque de los cubiertos de plata contra la porcelana de Limoges.
Clink. Clink.
Khalid estaba sentado en la cabecera. Yo, a su derecha.
Comíamos lubina salvaje con verduras al vapor.
O, mejor dicho, yo comía.
Khalid destrozaba el pescado con el tenedor, como si el animal muerto lo hubiera ofendido personalmente.
Llevaba tres días sin dormir bien. Las ojeras bajo sus ojos eran profundas, oscuras, casi violácea