POV: Layla
La biblioteca privada de Sheikh Ahmed Al-Qasimi era un lugar donde el tiempo se detenía.
Paredes de caoba. Alfombras persas que amortiguaban cualquier paso. Y el olor inconfundible a papel antiguo y tabaco de pipa.
Layla entró cerrando la puerta con suavidad.
Su padre estaba en Londres por chequeos médicos. La casa estaba tranquila.
Pero Layla no buscaba tranquilidad. Buscaba la verdad.
Caminó hacia la sección de archivos restringidos.
La llave de oro que colgaba de su cuello, una herencia de su abuela, abrió el gabinete de madera tallada con un clic satisfactorio.
—Perdóname, Baba —susurró Layla—. Pero necesito saber por qué lo proteges.
Durante años, Layla se había preguntado por qué su familia, tan orgullosa y tradicional, seguía invitando a Khalid a sus cenas después de la humillación pública de la ruptura.
¿Por qué su tío, el Ministro, seguía firmando sus permisos?
Había algo que no encajaba. Un nudo ciego en el tejido de la historia familiar.
Layla empezó a sacar carp