POV: Catalina
El despacho del abogado en la Avenida Diagonal de Barcelona era silencioso y olía a caoba y leyes antiguas.
El señor Vidal, un hombre mayor con gafas de concha que Vivienne me había recomendado personalmente, empujó una pila de documentos hacia mí.
—Aquí tiene, señora... —hizo una pausa, mirando el nombre en el expediente—. Señora Solís.
Esa pausa fue música para mis oídos.
Durante tres años, me habían llamado "Señora Al-Rasheed".
Ese nombre había sido mi identidad, mi pasaporte,