POV: Catalina
El despacho del abogado en la Avenida Diagonal de Barcelona era silencioso y olía a caoba y leyes antiguas.
El señor Vidal, un hombre mayor con gafas de concha que Vivienne me había recomendado personalmente, empujó una pila de documentos hacia mí.
—Aquí tiene, señora... —hizo una pausa, mirando el nombre en el expediente—. Señora Solís.
Esa pausa fue música para mis oídos.
Durante tres años, me habían llamado "Señora Al-Rasheed".
Ese nombre había sido mi identidad, mi pasaporte, mi jaula. Había sido la etiqueta de precio que colgaba de mi cuello.
Hoy, iba a arrancarla.
—Gracias, señor Vidal —dije.
Tomé la pluma estilográfica que me ofrecía. Era pesada. Fría.
—El proceso ha sido... inusualmente rápido —comentó el abogado, ajustándose las gafas—. Dada la situación penal de su exmarido, el juez de la Sharia en Dubái no ha tenido más remedio que conceder el divorcio unilateral por "daño moral y criminal irreparable".
—¿Él firmó? —pregunté. Necesitaba saberlo.
Vidal negó con