POV: Catalina
El ruido de las aspas del helicóptero cortaba el aire como cuchillos giratorios.
Tac-tac-tac-tac.
Estaba sentada frente a Khalid. Atada con el cinturón de seguridad de cuero beige. Mirando por la ventanilla cómo las luces de Dubái se hacían cada vez más pequeñas.
Khalid no me miraba.
Estaba revisando algo en su tableta, con el ceño fruncido, iluminado por el brillo azul de la pantalla. Parecía un ejecutivo yendo a una reunión aburrida.
No parecía un hombre que acababa de secuestrar a su esposa y torturar a su amante en un sótano.
Me toqué el cuello. Todavía sentía la presión fantasma de su mano cuando me agarró en el Penthouse.
—¿A dónde vamos? —pregunté. Mi voz apenas se oía por el ruido del motor a través de los auriculares de cancelación de ruido.
Khalid levantó la vista.
Se quitó un auricular.
—A casa, Catalina. A nuestra verdadera casa.
—Esta no es mi casa.
—Lo será. —Se puso el auricular de nuevo, dando por terminada la conversación.
Miré hacia abajo.
El mar negro