57. Todo una mentira

Altagracia se siente más tranquila a la hora de escucharlo.

Pero el fiscal de una vez la detiene, justo cuando desea abrir la boca para qué abran la celda.

—Ya le dije qué no es permitido. Cuando el abogado que le puso el gobierno a este criminal llegue, podrá hablar con él.

—Entiendo complemente. Pero no puedo esperar a la llegada de ese abogado y perder el tiempo. Necesito hablar con Santiago. Será solo un momento —Altagracia señala la celda con la barbilla—, por favor.

El fiscal sigue
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