46. Tan lejos y tan cerca de su bebé
Altagracia retrocede con tres pasos segundos después de oír a Edelmiro.
—Lo que dice son puras mentiras —Altagracia zanja de mala gana—, eso es imposible.
Eldemiro acaricia la cabeza de uno de los perros que se han acercado.
—Creo en la veracidad del testimonio de Altagracia Reyes. Es imposible, no. Es descabellado lo que dice. Gerardo estaba aquella noche en la hacienda Villalmar —Altagracia exclama.
Edelmiro quita el tabaco de su boca.
—Puede usted creerlo o no, señorita. Soy ancian