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Ana.
― ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil contigo, Ana? ―me dice la Luna con sorna, al tiempo que suelta a Levan, bajando el puñal y pasándole la mano por la cara con ternura, y él le corresponde, como si no hubiera amenazado su vida hace un minuto, algo que rompe mi corazón.
Ella ha usurpado mi puesto por tanto tiempo como su tutora, que mi hijo ya la quiere y confía en ella, como si fuera su madre.
―Solo permite que tus hijos reciban la instrucción que necesitan y ya―me indica, con u