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Ana.
La crueldad de Casius no tiene límite, y ahora es mucho peor, cuando lo veo pasarle los viales cargados de veneno a Levy, para que él mismo sea quien decida el destino de mis hijos y del mío.
― ¡Mamá! ―le escucho gritar a Levan, y es cuando ambos empiezan a llorar, lo cual me desgarra el alma.
No, yo soy su madre y no puedo permitir que nada malo les pase.
Tampoco permitiré que sea Levy quien decida, puesto a que conozco lo cruel que puede ser, y si ahora le he asegurado que estos no s