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Ana.
Despierto en medio de unos brazos que me acunan y me acercan a un torso desnudo.
Los brazos y torso que pertenecen al hombre más cruel que conozco.
No, él no es el hombre más cruel, sino Casius, quien se encargó de acabar con toda mi familia.
Y sin embargo, este hombre no termina de humillarme.
¿Un contrato para que sea su esclava de cama?
¿Una sumisa que tiene que acceder a sus caprichos más bajos?
“Si tan solo me permitieras”, dice una voz que solo me da más rabia.
“Sal de mi cabeza”