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Ana.
Levy se quita rápidamente de encima de mí, en cuanto nota lo enojada que estoy por la manera en que está asaltándome, así, en mitad de la noche.
―Lo siento―termina por susurrarme, al tiempo que me muestra la puerta del balcón por donde supongo que debe haber entrado―por lo que te ha dicho la Sabia así, sin más―señala, y cuando ve que no me muevo de la cama, lo veo tragar en seco―quisiera conversar contigo, si eres tan amable―me indica y me ofrece su mano, pero no pretendo tomarla, así