Perspectiva de Ella
Margaret.
La reconocí en cuanto escuché su voz mezclándose con la de Anya, como el siseo de una serpiente escondido bajo el tono dulce de mi amiga. Había estado allí todo el tiempo, ¿verdad? Observándonos, esperando. Solo buscaba el momento adecuado para atacar y descargar sobre nosotros todo su veneno y su odio.
El cuerpo de Anya —no, el cuerpo que Margaret había tomado— se incorporó lentamente. Sus movimientos eran suaves, casi elegantes. Aquellos ojos completamente blancos