Perspectiva de Ella
Cuando regresé de ver a Alexander, encontré a Anya todavía en su habitación. Seguía sentada al borde de la cama, aferrada a los mechones que le quedaban de sus hermosos rizos rojos. Tenía los ojos hinchados y enrojecidos de tanto llorar, y las lágrimas aún le corrían por las mejillas.
Se me encogió el corazón al verla así. Y pensar que todo aquello había empezado porque estaba compitiendo por convertirse en la Luna de un hombre como Alexander... Solo de pensarlo volvía a herv