—Claro.
Anya guardó silencio durante unos instantes, con la mirada fija en sus manos. Cuando por fin se decidió a hablar, lo hizo casi en un susurro.
—Yo no... no siento ese tipo de cosas. Por nadie. Ni por Alexander, ni por ningún hombre, ni siquiera por una mujer. Nunca me ha gustado nadie de esa manera. Nunca me he enamorado. Ni siquiera entiendo qué tiene de especial todo ese asunto del romance.
Me quedé mirándola, completamente sorprendida, mientras asimilaba lo que acababa de decir.
En est