Perspectiva de Ella
Otro relámpago volvió a caer. Y luego otro más. Cada destello iluminaba el cielo como si el sol hubiera salido de repente sobre nosotros, solo para desaparecer un instante después y dejarnos sumidos otra vez en una oscuridad absoluta.
Y con cada relámpago llegaba otro beso. Otra caricia. Otra palabra susurrada que se perdía entre el estruendo de los truenos.
Alexander se mantenía sobre mí con una delicadeza casi insoportable, moviéndose despacio, como si temiera hacerme daño.