Y el vínculo se abrió de golpe, como una presa que acabara de reventar.
Me aferré a él y volqué todo el amor que me quedaba en aquel beso. Aunque fuera el último, aunque el universo decidiera separarnos cruelmente por culpa de la maldición, quería que aquel beso fuera el más hermoso, el más importante de nuestras vidas.
Cuando por fin nos separamos para tomar aire, ambos jadeando, Alexander apoyó la frente contra la mía.
—Ella… Mi Ella…
—Quería decírtelo —logré decir con la voz quebrada, mientra