—Siéntate, querida. Solo conseguirás empeorar si sigues de pie. ¿Cómo te sientes?
—Como la mierda —respondí con total sinceridad mientras me dejaba caer en una de las sillas de la mesa de la cocina.
Lilith se secó las manos en el delantal y tomó asiento a mi lado. Como siempre, parecía sacar de la nada una taza de té caliente y una galleta seca, pero bastante decente, para acompañarla.
La acepté sin protestar.
—Me enteré de lo que pasó… Lo siento mucho por lo de la caja de música de tu madre.
Se