—Así que eso era lo que estaban haciendo —dijo Alexander, mientras la vergüenza se reflejaba en su rostro.
Asentí, sintiendo que las mejillas me ardían. Pero entonces, una nueva esperanza se encendió en mi pecho. Me aferré al brazo de Alexander.
—Podríamos ser nosotros —susurré.
Liam esbozó una sonrisa irónica.
—Tiene sentido. Ustedes dos son los que de verdad están enamorados. Lo suyo es sincero, es real... Quizá todo esto estaba destinado a suceder.
Alexander se acercó un poco más y sentí que