Con una sola frase, Sebastián palideció completamente.
Clavó la mirada en el amuleto que sostenía Marcos, paralizado, sin poder moverse por un largo momento.
Sin previo aviso, se abalanzó sobre él y lo sujetó por la camisa. Su poder de Alfa se desató sin control, asfixiando a Marcos con su intensidad. Las palabras le salían atropelladas, la voz quebrada por la desesperación.
—¡¿De dónde sacaste esto?! ¡¿Dónde está Ariana?! ¡¿Dónde?!
—¡¿De qué accidente hablas?! ¡Cuéntame todo!
Marcos conocía cad