Astrid había estado revisando algunas cosas en su habitación. Parecía que la mujer de la limpieza, estaba haciendo el trabajo a medias, abrió el cesto de la ropa sucia y estaba hasta el tope.
— Será mejor que saque esto de aquí y lo deje a la vista o la muy perezosa no va a llevarlo a lavar — dijo con fastidio tomando el cesto y arrastrándolo hasta el pasillo — Mañana, esa mujer me va a oír. ¡Si no hace las cosas como le dijo, la voy a poner de patitas en la calle!
Ella dejó salir con arroganci