Más tarde, desde la Torre Lennox, James miraba su móvil sobre la mesa, calculando si debía hacer esa llamada, o no.
Hacía casi semana y media del incidente de Mikel y sabía de buena fuente que él ya estaba en casa, así que, era hora de ajustar cuentas.
Antes no habría sido apropiado, pero ahora no podía perder más tiempo, así que, tragando grueso y respirando profundo, y a pesar de lo que Mikel le inspiraba, que no era en nada bueno, intentó dejar de lado sus sentimientos y marcó su número.
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