Pasaron dos semanas desde que llegué a Santo Tomás.
En ese momento me establecí en una pequeña ciudad. Allí el aire era fresco y la vida era relajada, lo cual se ajustaba perfectamente a mis gustos.
Alquilé un pequeño local y abrí mi propia cafetería.
Estaba ocupada todos los días y ya casi no pensaba en Julián.
“Julián, Lara y su bebé, seguro que están muy felices ahora.” Pensé en ese momento.
Cada vez que pensaba en ellos, el corazón que pensaba se había vuelto insensible se me aceleraba y sen