—Julián, el amor es como un espejo. Una vez roto, no hay vuelta atrás. No importa cómo lo intentes reparar o cuántas compensaciones desees dar, las huellas del daño nunca desaparecerán. —Lo miré y le dije con una voz cargada de indiferencia y decisión.
—Vete, por favor. José María y yo nos vamos a casar. No nos molestes más.
—¿Se van a casar? —Julián sintió como si se cayera en un abismo profundo, quedando totalmente congelado por dentro.
—¿Se van a casar? —Dio un paso hacia adelante y me agarró