—Conocemos que la villa pertenece a una familia de militares, vuestra señora Isabella ha también leído muchos libros y seguramente desea tener a su servicio personas que sepan leer y escribir.
—Está bien, ustedes se quedarán para servir a la señorita. En cuanto a sus nombres, ella misma se los pondrá más adelante.
Las cuatro se alegraron enormemente.
—¡Por Dios misericordioso, muchas gracias, ama!
Doña Matilde mantuvo un semblante serio.
—No me den las gracias todavía. Servir junto a la señorita