Llegados los últimos días del año su maestro se marchó.
Isabella sostuvo su manga mientras lo acompañaba hasta la puerta. El viento helado rugía y el cielo nublado indicaba que el clima seguiría frio por un buen rato más.
Suspiró al pensar que su maestro también la dejaría. Solo esperaba que el día de su boda no llovería y que los caminos estuvieran transitables. No le pedía al destino nada más.
Su maestro sonrió:
—Te mandé hacer unas bonitas joyas, envía por favor a alguien a recogerlas. Ya he