Por la tarde, Benito también fue a visitar a Raulito. Sus palabras de consuelo fueron más efectivas que las del doctor Escarlata y las de su tía. Solo dijo una frase corta:
—Debes saber soportar.
Con esas palabras, toda la ansiedad de Raulito desapareció, y con calma y obediencia continuó su tratamiento.
Benito pasó media hora con él practicando caligrafía. Ahora, su escritura era mucho mejor, y la movilidad de sus dedos había mejorado significativamente, algo que alegraba a todos.
Era evidente