Doña Rosario no pudo responder. ¿Cuándo había retribuido algo? Ni siquiera una aguja o un hilo. Solo pudo seguir llorando a gritos:
—Si hubo compensación o no, Isabella lo sabe en su corazón. Llamen a Isabella y pregúntenle.
—No hace falta que siga clamando, señora —dijo Eduardo con tono calmado. —Si realmente hubo compensaciones, basta con que indique los objetos y las cantidades. El día del divorcio hubo funcionarios presentes, y con una simple revisión, todo saldrá a la luz.
Eduardo continuó,