Efectivamente, fue porque Adina no había comido nada en todo el día.
Ella se levantó débilmente.
—Debo poder lograrlo anoche. Me sentiré mal cada vez que coma algo…
Duke la llevó al sofá de la sala de estar.
—Siéntate aquí. Te cocinaré un poco de avena.
—Está bien. No tengo hambre —Adina sonrió—. Duke, ve a acompañar a Hal. Quiero estar sola.
—Te acompañaré. No diré nada ni te molestaré. No te preocupes.
Duke se sentó frente a ella. Había una pizca de dolor en su mirada.
“Siempr