El silencio regresó al ala norte, pero esta vez no era un silencio cargado de miedo o de secretos peligrosos. Era la calma que queda después de una tormenta de pasión absoluta, un letargo espeso y tibio que parecía aislar la habitación del resto del mundo. El sol de la tarde comenzaba a bajar en el horizonte, tiñendo las paredes de piedra con tonos naranjas y rojizos que hacían que el cuarto se viera más cálido. El aire rancio del invierno del desierto ya no se sentía; el calor de nuestros cuer