El sol del mediodía caía con fuerza sobre los patios internos del palacio Al-Fayed, pero el pasillo que conducía al ala norte se mantenía fresco, protegido por las gruesas paredes de piedra antigua. Yo caminaba a paso firme, con las manos entrelazadas en la espalda, rodeado por mis asesores principales, el general Malik y tres de los ancianos más respetados del consejo, incluido el viejo Abdul. Llevábamos más de dos horas discutiendo los presupuestos de las provincias y los movimientos de las t