Sergio sabía que Luna estaba herida, pero nunca fue a visitarla. Era imposible no sentirse desilusionada.
Luna esperaba mucho que algún día despertara y que Sergio estuviera sentado tranquilamente junto a su cama, pelándole una manzana. Entonces habría una hermosa luz del sol brillando sobre Sergio, como un caballero.
Al mediodía del tercer día de hospitalización, Luna acababa de despertar de su siesta cuando escuchó una pelea en voz baja en la puerta.
Las voces eran muy familiares, eran Sergi