«¡Qué desafuotunada soy! ¡Incluso me caigo por un acantilado!»
Clara y sus otras amigas seguían gritando algo con urgencia desde arriba. Los oídos de Luna zumbaban y no podía escuchar nada con claridad. Todos sus pensamientos estaban concentrados en esta enredadera, rezando para que fuera lo suficientemente fuerte y nunca cayera al abismo con Luna.
Luna tenía mucho miedo. Si moría así, temía que sus padres se volvieran locos si no podían soportarlo y ella pudiera ser enterrada en la oscuridad p