Martín ya estaba tan desesperado que no tener más remedio, pero todavía seguía pensando en Luna.
¿Cómo podía Luna estar dispuesta a desesperarlo tanto?
—Martín, cuidaré de él. —«esta es la única manera que podemos usar.»
—No, nuestros asuntos no tienen nada que ver contigo. No te toca hacer sacrificios. —respondió Martín seriamente y la miró con sus ojos enrojecidos llenos de diversas emociones, aunque el enfado era particularmente evidente.
—No te preocupes, puedo encontrar una solución. —insi