Les eché a Sofía y Ana una mirada de socorro buscando ayuda, sin embargo, Sofía me miró por un momento, bostezó y se dio la vuelta para dormir en los brazos de Carlos.
«Qué tonta era yo de haberla llevado al bar para divertirle», pensé arrepentida con enojo.
En cuanto a Ana, se cubrió con la manta para que no involucrara en el conflicto que tuve con Martín.
Ay, a quién podría acudir. Seguía llorando esperando que Martín por lo menos sintiera piedad por mí.
Por fin la cara dura de él empezaba a