Estaba perdida en la euforia, olvidándome completamente de la presencia de Martín. Levanté la manta en silencio tratando de esconderme, pero él la tiró dejándome al descubierto.
—Ahora, dime. ¿Cuántas botellas bebiste?
Dudaba, le hice una señal de dos con los dedos.
—¿Dos? No te creo.
Ante su sospecha, levanté otro dedo más.
—¿En serio?
Todavía preguntó con tono de escepticismo.
—Te pregunto por última vez. ¿Cuántas botellas bebiste?
Ya se notaba el enojo en su voz, por eso no me atreví a mentir