BIANCA
En cuanto veo la cara pálida de Bea cuando salimos del salón principal, saboreo el que haya recibido una mala noticia, como las que me gustan dar, observo a Nicola, tensa el cuerpo, está tan empeñado en no marcharse hasta que arreglé las cosas con la zorra y el hijo que tiene con ella, que me frustro y por un segundo creo que mis planes de separarlos no saldrán tal y como los quiero.
Mi hermano se acerca a ella como si fuese una damisela en peligro y blanqueando los ojos bajo la sombra