Entro, está de espaldas, mirando al frente por enorme ventanal del que se puede admirar el paisaje lleno de rascacielos. Sus hombros anchos lo hacen ver de espaldas como un hombre alto.
—Mandó llamarme, señor… —mi voz tiende de un hilo y no sé por qué.
Él se gira y sus ojos asesinos se clavan en mí.
—El juego terminó, Bea.
Y diciendo esto deja una carpeta sobre su escritorio, una que lleva el nombre de Beatriz Terson.
BEATRIZ
Me quedo atónita con la reacción tan fría del Sr. Hill, observo