Capítulo 37 - Nada es casual.
Cuando llegaron al café que quedaba a la vuelta del laboratorio, Arnold pidió un café doble para cada uno con unas gotas de coñac, consciente de que el alcohol por sí solo no sería bueno para Joseph, pero que, aun así, lo necesitaba de alguna manera.
—Joseph —dijo Arnold, una vez que la mesera les entregó los cafés y se quedaron a solas. Para su suerte, el café estaba más vacío de lo normal, lo que les daba la oportunidad de hablar con tranquilidad.
Joseph alzó la cabeza y lo interrogó con la