Capítulo 68. Error fatal
Tres días después de la tragedia en el hospital, Aletta ya no pudo contenerse. Irrumpió en el despacho de Adrian, con la respiración agitada y los pasos inestables.
—¡Basta, Adrian! ¡No soy tu prisionera!
Detrás del gran escritorio de teca, Adrian permaneció inmóvil. Rodeado de montones de documentos y pantallas parpadeantes, ni siquiera dirigió la mirada hacia la puerta. Como si la presencia de su esposa no fuera más que una molestia insignificante.
Adrian dejó su pluma con lentitud. Extremada