Capítulo 62. Amenaza real
—¿No sientes que nos están observando?
Aletta miró por la rendija de la cortina. Abajo, las luces del jardín atravesaban la neblina, dispersando una claridad pálida que, en lugar de tranquilizar, hacía que los rincones del patio parecieran escondites. Se ajustó el cárdigan al cuerpo; aquella inquietud llevaba allí desde el día anterior, deslizándose bajo su piel como un parásito.
Adrian cerró su libro sin decir palabra y se puso de pie detrás de Aletta. Sus manos se posaron sobre los hombros de