Capítulo 56. El límite de la paciencia
—Suéltala ahora, Bella.
La voz de Adrian rompió el silencio sofocante del almacén.
La puerta de hierro chirrió con estridencia al ser embestida por su hombro. El polvo se elevó en el aire, posándose sobre la superficie de los objetos oxidados. El olor a hierro viejo y aceite de máquina resultaba penetrante.
Bella soltó una carcajada quebrada, como el chirrido inestable de un vidrio a punto de romperse.
—Así que por fin viniste —dijo, apuntando con la pistola a la sien de Aletta.
Aletta estaba s