Adrián narrando
La tarde estaba calurosa, pero el viento soplaba fuerte, trayendo ese olor a sal y arena que ya empezaba a gustarme más de lo que quería admitir.
Estábamos todos en la playa otra vez — ahora con sillas y sombrillas, porque mi madre (sí, doña Olivia ya era "madre" en mi corazón) dijo que "los gringos no aguantan el sol brasileño, no".
Tenía razón. Valentina ya tenía la nariz roja a pesar del protector solar.
Elena estaba sentada en la silla a mi lado, Sofía en el regazo, las dos